Maldita corrupción!
La palabra traficante de terrenos nunca tuvo tanta relevancia para mí como la tiene hoy por hoy. Nunca experimenté tan terrible situación como la que atravieso hoy. Soy una dirigente que tiene a su cargo 30 familias que a lo alto de un cerro busca un espacio para vivir, desde inicios de tiempo siempre e buscado hacer las cosas correctas mantenerme en la línea de la honestidad, veracidad y humildad, conozco la necesidad de las personas de bajo recursos y desde donde esté procuro dar lo mejor para el progreso de todos. No fui consciente del riesgo que implicaba el tener a cargo áreas de tierra otorgadas a personas humildes y de gran necesidad, nunca los vi desde una perspectiva lucrativa, creí que esto es misericordia de Dios para con los menos bendecidos a quienes les tocaba aprender de una manera ardua lo que es ganarse la vida. Un tiempo de pandemia obligó a muchos a acogerse en los senos de familiares con mayores posibilidades quienes ofrecían su cobijo en casa, obligando los a ...